Mi primer coche

!Escribe sobre ello, anímate a contarlo!

Esto me dijo un amigo durante una de las muchas conversaciones pasionales sobre coches que se tienen a diario entre los locos de este mundillo. La cosa se quedó ahí, latente. Hablar sobre mi primer coche.

Unos meses después, surge la oportunidad de colaborar en un nuevo e interesante proyecto, y comenzar a escribir sobre lo que más me gusta. Así que ahora, me decido a girar la llave, escuchar la sinfonía, agarrar bien el volante, y lanzarme acelerando hasta las 7000 vueltas, para disfrutar al máximo y hacerlo lo mejor posible  “enlapista”. Así que porqué no empezar por el principio de todo.

Para todos aquellos a los que nos encantan los coches, el día que nos entregan el carnet de conducir es un día especial, pero más aún, el día que conducimos nuestro primer coche. En mi caso particular, esto sucedió hace ya más de 6 años.

Mi primer coche no ha sido un coche nuevo, todo lo contrario. Fue un BMW 318i E30, fabricado en el 1983, mismo año en el que mi padre lo compró, por lo que ha sido el coche en el que he pasado mi infancia, el coche en el que se fue forjando mi pasión por las 4 ruedas.

Cuando empecé a utilizarlo llevaba unos 7 años casi sin usarse, simplemente para ir algún fin de semana a algún lugar cercano, nunca viajes de más de 50 km. Ya tenía a sus espaldas más 500.000km y el estado en el que estaba no era el más óptimo, eso sí, su robusta mecánica seguía respondiendo siempre que lo necesitara, y aguantando el paso de los años y los km sin un solo problema de motor. Ese motor 4 cilindros 1.8, me atrevo a decir que es uno de los motores más robustos que ha fabricado BMW, el M10 que bien merece un artículo individual.

Por ello, donde otras personas hubieran visto una posible “chatarra” sin dirección asistida, y sin aire acondicionado. Yo veía un gran coche, un clásico, que sólo necesitaba un poco de cariño, además de ser un perfecto lienzo donde poco a poco ir creando “mi coche”.

Después de estos 6 años, no parece el mismo, poco a poco he ido cambiando algunas piezas que estaban dañadas, nuevas llantas, asientos, faros, componentes mecánicos, etc, podría decir que me ha enseñado más sobre el automóvil, que la carrera de Ingeniería. Y aunque es un proyecto que nunca termina, siempre tendrá esa atracción que te obliga a echar la mirada atrás después de aparcarlo, solo para verlo de nuevo, y sentir esa sensación de “Joer! cómo mola mi coche!”